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Jacqueline Herranz Brooks (Cuba) es una artista interdisciplinaria queer, también escritora, también educadora, también cubana, también neoyorquina. Es una curiosa, una acelerada, una apasionada, una observadora, una exploradora social, una mezcla entre intelectual de academia y activista de la pura calle. Puras etiquetas que ayudan a imaginárnosla.

 

A partir de una serie de performances + su participación en una de sus últimas residencias artísticas + su incesante e imparable senti-pensar, ha ido construyendo un MANIFIESTO (que sigue en proceso) ... como una sopa a fuego lento, una pizca de recuerdos, otra de entrevistas, música, fotos, referencias y referentes, imaginería, textos, poesía, drama y ficción.

 

Cuando leí el texto que me envió Jack, que aborda algo así como "el elusivo paisaje lésbico de la lesbiana pobre, de la pobre Cuba, en los años 90" me pareció maravilloso, primero porque tiene de todo un poco (como la sopa), y segundo porque a pesar de que tiene un tinte de realidad cubana triste, delicada y dolorosa, también me reí mucho, y esa es la magia que tiene la narrativa ingeniosa, rápida, natural y aguda de Jacqueline.

 

Para la primera parte del manifiesto, Jack me solicitó crear un apoyo visual que acompañara su lectura en el evento International Multilingual Creative Writing Conference 2024, en el City College of New York.

 

Así lo hice. Y no puedo explicar cómo y cuánto disfruté de ese proceso creativo. Era como andar por un camino con muchos senderos, y yo queriendo asomarme para conocerlos todos. Me acompañaba la voz de Jacqueline como narradora omnisciente, entre compás cubano y ritmo neoyorkín. 

Natalia Astuácas

 

 

El pobre paisaje lésbico cubano de los paupérrimos años 90

Jacqueline Herranz Brooks (Manifiesto)

Natalia Astuácas (Video Manifiesto)

 

​​

El cuerpo de la lesbiana es elusivo. No podemos imaginarlo. Se oculta bajo el velo del “mejor no nos digas nada”, del “te entendemos, pero nadie quiere saber qué hace cada cual en su cama”. El cuerpo de la lesbiana masculina es marginal; el cuerpo de una lumpen indeseable que gestiona sus mujeres en bares de mala muerte. El cuerpo de la lesbiana intelectual se deja de oír se deja de ver, literalmente desaparece. Así les ocurre a la poeta Nancy Morejón y a la compositora Marta Valdés según el testimonio de la periodista, poeta y exmilitante del partido comunista de Cuba, Minerva Salado. El cuerpo de la lesbiana militante revolucionaria va a reuniones en casa de sus amigas con sus amantes, para extender “the lesbian continuum”, pienso ahora, y el domingo va al trabajo voluntario. Se escabulle, disfruta y se deja vigilar. Sin que llegue a preguntarle, Minerva me explica que se la dejan pasar porque trabaja dos veces más que cualquiera. El cuerpo de la lesbiana pobre reúne, como puede, para pagar la entrada a una fiesta clandestina de diez pesos y poder dejar bailar su cuerpo sexodisidente.

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Video still 1. Astuácas

El paisaje lesbiano de la Habana de los noventa entonces es un espacio-tiempo que transcurre bajo el dictado del sistema y cada cuerpo es vigilado en sus cuadras por los CDR. Es un paisaje dominado por la presencia de un cuerpo y de una psique NO de una lesbiana sino de una tortillera baja, de una degenerada, una invertida que es desplazada, desclasada, dislocada y por ende nómade. Al cuerpo de las lesbianas cubanas se les recuerda (ahora en el siglo XXI) como un cuerpo oprimido y opresor que abusa de las mujeres moviéndose en círculos incestuosos, reciclando y pasándose las examantes. Se les recuerda como un cuerpo autocensurado un monolito que carga con las desviaciones ideológicas que el socialismo aún no ha podido vencer. Mi cuerpo tortillero, de camionera asquerosa, sin lengua ni poder, sin padres dirigentes, con padres desertores y castigados está expuesto, porque vivo en la calle, y a pesar de estar ausente (no hay inclusión posible) es un cuerpo vejado: tocado, mirado, escupido, orinado, vomitado, prostituido, drogado y es lo único que tengo para atravesar el paisaje lésbico cubano de los noventa y eso me hace vulnerable.

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Video still 2. Astuácas

Las otras tortilleras de mi grupito y yo, no hemos visto Conducta impropia de Néstor Almendros, no hemos leído Skin de Dorothy Allison ni nos hemos enamorado pasándonos poemas incendiarios de Cherrie Moraga. Nos han inculcado que nuestras vidas no valen nada, que no todo es literario ni literaturizable, nos han inculcado que los mayores problemas son los que nos afectan a todos (no a todas y a todos y a todes, no, sino a un masculinamente todos) a toda esta unidad monolítica que existe en Cuba, una nación pequeña, bloqueada, sin energías (como decía el profe Carulla cuando nos faltaba material en el laboratorio) enfrentándose desde antes del año en que nazco, al Goliat que es Los Estados Unidos, donde escribo ahora. No sabemos de ninguna de las olas de feminismos ni sabemos del argumento de Anmarie Jagose en Lesbian Utopics (1994) donde la lesbiana “disrupts culturally dominant understandings of gender and sexuality” pero la lesbiana “is not able to be thought” (1), la lesbiana está en todas partes, explica Jagose, pero los slogans “lesbians are ethereal” del activismo lésbico de los 90 tiende a hacer de este cuerpo y de esta psiquis algo “at once everywhere and invisible” (1).

Nos auto-rebajamos, nos autocriticamos, nos autocensuramos, nos callamos la boca y nos la llenamos de pelos y de flujos a escondidas, por las noches, durante las horas del receso o el almuerzo, a espaldas de nuestros maridos, novios, padres, gobernantes, corremos a amarnos sin nombres propios, sin carné de identidad y con y sin aretes en los recovecos sin luz, en los matorrales, delante de la vista de los pajeros, contra un muro que nos raspa las rodillas y los codos. Nos odiamos a nosotras mismas, tenemos una debilidad, nos sentimos culpables porque disfrutamos de esa doble vida que nos hacen ver como elegida no como impuesta, somos de la familia porque tenemos la enfermedad. El paisaje es de terror gótico victoriano sin la ropa y sin el talco, sin agua y sin jabón. Venimos de los traumas de la guerra fría, de las purgas gubernamentales, del quinquenio gris, de los chismes y la envidia (que no historias ni testimonios) de los campos de la UMAP, Venimos del terror del combinado del este, del cocodrilo sin dientes, de la gaveta, del exilio forzado de los ochenta, del encierro en El nuevo amanecer.

No hay orgullo en ser una lesbiana pobre y tenemos mucha muchísima hambre (de todo). Y aún se reclama ese espacio y aún se construyen redes informales de supervivencia para seguir siendo lo que somos. Y cada vez que nos disfrutamos (el estómago nos ruge) metemos un tremendo ruido en el sistema y seguimos participando del proceso al cual nos oponemos, y seguimos aunque nos digan que “eso no está nada bien” porque, mamita, “el pilar de la revolución socialista cubana es la familia heterosexual”. 
 
Si existe este elusivo paisaje, si existe este cuerpo en voz baja, callado, deslenguado, o sin voz puede que luzca de esta manera:
 
1. Una conversación muy interrumpida con Minerva Salado y terminada a base de insistir las dos en comunicarnos, en querer establecer puentes, mantener redes de supervivencia. Hablamos y la conversación se interrumpe, nos quieren romper el hilo, quebrar la voz, pero le explico que estoy leyendo su libro rojo con una lupa delante y una foto de pasaporte suya detrás. Minerva considera que ese no es un buen libro. Lo que importa es la foto, le digo. Esa es la clave. Leer los poemas regresando a cada verso a la parte de atrás donde está la fotografía de pasaporte en la que Minerva lleva una camina de cuadros. Le sonríe a la cámara. Nos sonríe. El cuerpo de la lesbiana poeta se sale del marco de la fotografía y me inspira el cuerpo completo de una tortillera que describo en detalle para darme el gusto de ponerle piel a alguien que se atreve a ponerse una camisa de hombre marca Yumurí. Imagino más allá de la camisa de cuadros, su marca, los pantalones con portañuela por donde entra la camisa y el cinturón que los amarra. Es muy importante esa imagen. Pero Minerva se pone a hablar de Herejía bajo la lluvia. Y se vuelve a cortar la conversación.

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Video still 3. Astuácas

2. Escucho un mensaje de voz que me llega de Mane Ferret, antes, muchas horas antes, estuve preparando un paisaje críptico con los restos de las imágenes que me quedan, las cuales son el resultado de varios proyectos de archivismo autoteórico que he ido (re)construyendo de a poco regresando a La Habana en varias ocasiones para seguir en la elaboración de mi repertorio. Si existe una banda sonora para este paisaje lésbico de los noventa empieza más o menos por acá, con canciones que nos dicen clarito lo que sentimos, el cómo “estamos [permanecemos] fuera del juego”. 

 

JHB: ¿tú crees que se puede hablar de un paisaje lesbiano o tortillero cubano en los años noventa?

 

MF: No sé, no lo creo, nunca lo había pensado.

 

JHB: Pero existíamos nosotras y otras, existía Pilar [Linares] y Odette [Alonso] y Sonia la polaka  y Niurka el plátano y Betty Bustamante y Silvia Bacallao y María Eugenia de la Pera y Lina de Feria…Carmen Duarte…  había también una red de ocupas en edificios abandonados [Laurita y Pedro de Jesús, Manolito], existíamos al margen del CENESEX que según su presencia virtual se fundó en 1988 como parte de un esfuerzo de continuidad a un proyecto anterior, fundado por la monja roja [Vilma Espín] en el año 1977, ¿cómo nadie supo del CENESEX cuando estábamos en la calle? ¿Cuáles eran nuestros espacios además de las fiestas de 10 pesos y las casas de amigas? ¿El parque Trillo, un pasillo, el puente Almendares… nunca nos sentíamos a salvo?

 

MF: Claro, no sabía nada. Nada del CENESEX. Pero vivíamos en nuestro grupo, había de todo. Y no le dábamos tanta importancia a eso, teníamos claro el rechazo y vivíamos a nuestra manera sin hipocresías. ¡Tampoco éramos activistas de nada! Nosotros, los de cubaneo, siempre hemos tenido mucho respeto por la libertad. Eso es lo que me parece a mí, el respeto por la libertad te impide todo tipo de activismo porque un activismo lleva de manera intrínseco un camino reivindicativo de algo y nosotros no queríamos nada de eso, que cada cual hiciera lo que quisiera. 

 

JHB: ¿Crees que Cubaneo [la revista] era uno de estos espacios, digamos un espacio cuir?

 

MF: Se adecua a ese término cuir, pero éramos tan libres que nos hubiera disgustado hasta el cuir para encerrarnos en cualquier definición que partiera de nuestras sexualidades.

Nos impusimos [esa disidencia] y nos encerramos, hasta hicimos nuestra propia revista y en esos temas que tocamos queda plasmada toda definición de nuestras prioridades, sociales y literarias (28 de septiembre, 2021. Mensajería Facebook).

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Video still 4. Astuácas

Y ¿Sara? ¿Te acuerdas de Sara?

Tenemos en la querida Sara la imagen del toquenismo revolucionario cubano. Nos cuentan de su escandalosa vida libertina en las calles del Vedado, corriendo en su VW descapotable lleno de muchachitas jóvenes, bonitas, blancas y finas. Quienes escuchamos y malvivimos nos morimos de envidia, quizá. Pero vamos al grano y cuando llegamos al parque Maceo a buscar mujeres sabemos que no nos encontraremos allí a Sara. A la tortillera toquen del sistema socialista cubano quizá se le halle en la trinchera como a los héroes que no han muerto al final, pero viven allí. No, no, en la trinchera, no. Sara luce sus recortes similares a los del ministro de cultura en la televisión, abriendo los eventos con su ejemplo de voz en cuello sin desparpajo frente a las cámaras, con esta tortillera ya es suficiente, tenemos bastante, nos dicta el comandante. Oficialista, oficialista, nuestra Sara. Mabel Cuesta explica en su clase que se dice que “el comandante”, Fidel Castro, tenía una debilidad por la voz de Sara González y que la llamaba para que le cantara… ¿en su casa, en sus fiestas? 

 

Paisaje lésbico en replay:

Sara González va manejando por toda la ciudad en su VW lleno de muchachitas, pero a mí no me va a tocar ser ni Sara ni ser ninguna de las muchachitas. Me voy a la terminal para esperar un camión. No un autobús, ni una guagua. No, no. Un camión, para cambiar el panorama.

 

[…]

Biografía
Jacqueline Herranz Brooks

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Es autora queer, educadora y artista interdisciplinaria de La Habana radicada en Nueva York. Su trabajo se basa en proyectos y toma varias formas, incluyendo fotografía documental, interpretación de paisajes sonoros, instalación multimedia e intervenciones urbanas. Jacqueline, interesada en el proceso de ficcionalización de la memoria, es autora de varios libros de autoficción entre ellos Liquid Days (Argentina, 1997), Escenas para Turistas (Nueva York, 2003), Mujeres sin Trama (Nueva York, 2011) y Viaje en Almendrón (Libro de instalación para Miller Gallery, 2015). Tiene un doctorado en Culturas Latinoamericanas, Ibéricas y Latinas y su enfoque de investigación se encuentra en la intersección de la teoría literaria (autoficción) y la crítica (postestructuralismo, feminismo), Estudios de Persona y Estudios de Performance.   Los proyectos de escritura y los métodos de investigación de Jacqueline se basan en la estética experimental contrahegemónica de las prácticas híbridas latinas de Nueva York.

Biografía
Natalia Astuácas 

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(Costa Rica, 1983). Es artista plástica, muralista, ilustradora, periodista, diseñadora gráfica, productora, artivista por los derechos humanos, educadora y creadora del emprendimiento Arte con tacto, desde el año 2012. Arte con tacto es una plataforma de gestión cultural y artivismo social. Una iniciativa desde la cual se gestionan procesos participativos, comunitarios o individuales con impacto social. Natalia actualmente reside en Mallorca, España. Y a través de la plataforma Arte con tacto ha facilitado talleres artísticos, arte terapia, montaje artístico para eventos, ilustración y diseño artístico. Natalia además ha realizado más de 50 murales y ha participado exposiciones individuales y colectivas. 

 

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